29 de noviembre de 2011

Utopía

¿Sabes esas veces en las que piensas algo, e involuntariamente llevas la sonrisa colocada entre los labios?
¿Ese punto en el que revivir un segundo pasado, lo paraliza todo?
¿Esos momentos en los que te sientes tan inmensamente grande que no cabes en ti mismo?
¿Esas ocasiones, donde los pocos minutos de lucidez, no consiguen calmar ese estado de satisfacción incontrolado?
 Esas veces en las que una inyección de realismo resultaría devastador. 
Pero no, no nos engañemos... 

Estos segundos son efímeros.


Ainara.



27 de noviembre de 2011

Del odio al amor en 4 minutos y 31 segundos

Nada, vacío, ausencia de sonido. Tan sólo unos pasos se atreven a romper ese silencio que lleva estancado durante tanto tiempo. Unos pasos sobre el fango que al pisar suelo firme se sienten como quebradizos de arena rozando el hormigón. La lluvia no cesa, es un descontrol turbulento de agua que cae sin tregua. No hay otra opción mejor. Siguen esos pasos que van tras algo que no tiene un valor específico. No se cansan de avanzar, aumentan la velocidad esperando alcanzar eso que esta ahí, seguro que lo está. Pero no logro ver ni que, ni hacia donde va. 

Cierro los ojos, y ahí está. Mirando sin mirar. Diciendo mucho sin dejar entre ver nada. Pausado, tranquilo y solo. Envuelto de ese halo de misterio que tanto me gustaría conocer. Apenas pronuncia palabra, a veces susurra, otras cree que dice, y sin decir, así lo hace. Hay algunos que incluso se atreven a afirmar que no corre sangre por sus venas. Que todo ese atractivo que reluce se pierde con su forma de parecer. Yo, sin embargo estoy segura que de no ser así, no tendría ese encanto que lo caracteriza, y lo convierte en único.
Quizás sea su forma desinteresada de formar parte del resto del mundo, de ser uno mas, de ser normal. O quizás se deba a no tener la necesidad de caer en gracia como todos los demás. Lo aceptas o no, no hay más. 

A veces la casualidad que existe en este mundo real, nos junta en un mismo plano temporal. Es ahí cuando mis ojos se clavan en él. Siguiendo cada uno de sus movimientos. Esperando que de alguna forma capten su atención. Pero su mirada está perdida. Mis labios tiemblan dubitativos, no quieren estropear un silencio tan encantador. Pero se rompe con el ruido de ese mundo exterior. Se pierde él, me pierdo yo.

Despierto, y ahí siguen esos pasos continuos, de la misma monotonía que sueña con otra nueva casualidad. Que me de una oportunidad para probar suerte la próxima vez, y así una vez tras otra. Una motivación para dejar que el despertador me rompa el estado de sueño, para que estas mañanas de pre-frío invernal me sirvan de aliento. 


Aquí estoy, en este coche, a la espera de algo conmovedor. Y ahí está, ese sonido que lo envuelve todo, y ha tenido valor de llegar a donde nadie se ha atrevido a entrar...



"Que empiece el viaje ya...
Infinita ingenuidad,
ilusión centesimal,
me creía tan capaz
con mi cápsula de Albal.
Mi torpeza fue total,
de tan grande es demencial,
no detecto una señal,
nunca encontraré el lugar
...donde al fin me entienda."


Ainara.


.

21 de noviembre de 2011

No siempre es lo que uno ve.

El frío me cala los huesos, enfría mi ser y lo proyecta al exterior. Me he puesto esa máscara que ya no consigo quitar, se ha pegado, se ha fundido a mi piel. Ese cosquilleo adormecido que recorre cada partícula que desconozco de mi misma. Me quema por dentro. Quiero salir corriendo y por más que cojo velocidad no consigo que se despegue de mi esa sensación. Me persigue, me inquieta, me tiene atrapada. Confundiendo a ojos ajenos, haciendo creer que soy de una forma a la que no quiero pertenecer.

─ ¿Ves a esa chica que siempre se aleja, mira al suelo y va sola?; es así, le gusta ser así. 

La obligación no es una opción escogida. Ser extraño, sentirse diferente, encontrar que todo conduce a otro lugar donde la opción de ser alguien no es posible. Cansa. Luchar a favor de unos ideales, que por más que quieras que sean tuyos, está claro que no lo son. Se puede cambiar hasta cierto punto. Estirar una cuerda hasta que se tensa y se rompe. En pedazos, se queda una, cuando el desconsuelo es mas casual que la propia casualidad.

Esta libertad a veces asfixia. Estas ganas tan enromes de querer formar parte de algo. De sentirse pleno, completo, lo que sea, pero que sea real.



Y es que, caminar en círculos, no es divertido.



Ainara.

16 de noviembre de 2011

Hasta el último aliento.

Amor que te has marchado y me has dejado a la sombra. Ante el abismo de mis pies descalzos, descansa mi alma, y respira profundamente. Tras de sí un arenal de sentimientos que despiertos entre silencio y anhelo, aguardan a la espera de un mundo mejor. Si pudiese retroceder al menos por un instante, saltaría al vacío de lo desconocido. Transformaría lo vivido en pequeños regalos que me fueron otorgados, disfrutaría de todos los segundos que pasé a tu lado.              
Entre mis dedos vacíos solo quedan recuerdos casi ya desvanecidos. Se funden entre pasado de humo que fue, pero que nunca más volverá. Ahora sólo queda la culpabilidad acompañando cada segundo que dedico a llenar de aire los pulmones. Y entre sístole y diástole punzadas me recuerdan todo aquello que quise decir, y jamás con palabras supe pronunciar. Todo aquello que ya no vas a escuchar.                                                                                                                                            
Por más que trato de hallar una explicación, por más que trato de pensar que debió ser así. Nuestro momento había llegado, aquel donde nuestros caminos debían tomar rumbos tan distintos el uno del otro. Tal vez equivocados.

Aquello que se removía en tus entrañas, te oprimía el corazón y te cegaba por completo. Una lucha entre lo interior y lo exterior que no supiste vencer, decidiste huir, decidiste dejarlo todo y probar una nueva vida, una vida mejor. Aunque los miedos acecharan constantemente, sin dejarte respirar. Ocultabas tus temores esperando que no tuviesen la oportunidad de encontrare de nuevo.

Una batalla perdida.  Cómo mi batalla, una lucha continúa entre la lógica y lo sobrenatural. Dos mundo paralelos, que tan juntos y a la vez tan distantes, no se cruzan por un instante. Al igual que nosotros, que no dedicamos ni un solo segundo de nuestra corta existencia a comprender ni si quiera un por qué. Reprimiendo todo aquello que nos hacía felices, todo aquello que deberíamos haber tomado con mas impulso, lo que no se valora, lo que no se ve.

Permanezco mirando al horizonte, hasta que mi vista no consigue vislumbrar nada de lo que tiene en frente, los objetos van cogiendo una apariencia borrosa, y ante mis ojos, la espesa negrura se torna en imágenes que sintetizan una vida irreal. Una situación que calme mi corazón. Que me recuerde que todo está bien, tranquilice la ansiedad que recorre por todo mi cuerpo. Por un instante me aguarda la calma. Saboreo esos segundos con gran esmero. Sencillez que abarca un mundo tan complicado, tan difícil de comprender. Aire fresco que se cuela en mi interior, oxigenándome el cerebro, devolviendo las fuerzas que casi agotadas acababan por perturbarme el subconsciente. Una bocanada para ponerme en pie, para así entender por qué motivo te has ido y me has dejado. Pero despierto de ese mundo etéreo, tan efímero que ya he olvidado.                                                  
Quiero seguir, quiero avanzar, subir escalones que me lleven a la cumbre, que me enseñen los valores, que me ayuden a comprender esta situación. Y sin embargo, tan solo recibo el eco de mi propia voz como respuesta.

Tomaste el camino más fácil, fuiste cobarde pero yo sigo aquí, a la espera de tu regreso. Soñando despertar un buen día con el ruido de la cafetera y el aroma a tostadas recién hechas, aquellas que tú solías preparar para mí. Mantequilla y mermelada de fresa, ¿recuerdas?                              
Estoy perdida, entre recuerdos que no me dejan vivir, entre momentos que tengo miedo a olvidar. Me aferro cada vez más a ellos, los sujeto en mi mente, y los escribo en un trozo de papel que muy cerca de mi guardaré.
Sé que está mal, que no debería pasar tantas horas torturando mi cabeza. Que todo esto a ti ahora te da igual, y sin embargo, tengo la esperanza de que aun sigas pensando en mí. Sigues de lejos mis pasos y sabes de antemano lo que voy decir, a donde iré e incluso dónde acabaré. El trayecto es largo, las paradas son cortas y los paisajes se han vuelto aburridos ahora que no estás conmigo.   
 Los pequeños detalles que amanecían cada nuevo día, los placeres de nuestra perfecta rutina, se han manchado de ceniza.

No te culpo, aunque fueras tu el que decidiese por los dos. No consigo encontrar dentro de mí el rencor hacia ti. Fuiste fuerte, aunque no lo suficiente. Pero es la pena la que se ha hecho con todo el control de mi interior.
 Los recónditos silencios de mi tristeza abarcan las horas que llenan un día. El amargo sabor que se posa en mi boca, me irrita la garganta. No tengo suficientes palabras para explicar lo que siento. No tengo el valor para salir de esta habitación, y sin embargo, las cuatro paredes que fundan este cuarto, cada segundo que pasa, se me echan encima. Ahí fuera ya no hay nada para mí. No recuerdo a que sabe el aire puro, el olor a pino mojado. El sonido de los grillos al alba, el dulce despertar de los pájaros.                                                                                                                    
Posada en esta cama que de la noche a la mañana se volvió enorme, no distingo el final del horizonte, no consigo descifrar ese acertijo que consiga devolverte a mis brazos. Me escondo entre las sabanas y te busco entre mis sueños. Tu olor en mi almohada; un delirio incontrolado de emociones que trepa por mi vientre, y acelera los latidos de este frágil corazón que se muere por una caricia tuya.

El sonido del aire al chocar contra la ventana me recuerda al murmullo de tu voz por la mañana. Aquellos días de invierno que nos servían de excusa para no salir de la cama. Éramos tú y yo, formábamos una fuerza mayor de la que jamás el mundo volverá a ser cómplice. Sin embargo no me acostumbro, no consigo hacerme a la idea de que no volveré a sentir nada igual. Y las noches en vela por tus molestos ronquidos que ahora tanto anhelo… Viviré del recuerdo hasta que me quede sin fuerzas. Hasta que tenga un motivo lo suficientemente grande para llenar este vacío.

No siento nada, los ojos irritados se han quedado exhaustos de lágrimas, el cansancio que invade todo mi cuerpo me ha robado el ánimo, una necesidad constante de gritar, culpar al mundo de tu partida. Quiero odiarte y  sin embargo no encuentro la razón, quiero sentirme libre y no estremecerme cada vez que recuerdo tu voz.

            Recoger los pedazos de un cuerpo cansado que se agota por silenciarse en un momento eterno. Paso a paso recorro el camino que me lleva junto a ti. El sonido de mis zapatos se ahueca en el estrecho sendero que me lleva a la deriva. En las manos sostengo las que serán mis últimas palabras de desesperación.

            El sabor amargo de la despedida tan cruel como sincera te arrebató de mis entrañas. Ella apareció, tan gélida, tan sombría y silenciosa, tendió su mano y tú la cogiste sin volver la vista atrás. Te meciste entre sus brazos, dejaste que tu silueta formase parte de un presente permanente.

            Sola ante un futuro que de sentido carece. Permanezco de pie cubierta de ésta fría lluvia invernal, que cae por mis mejillas, cubriendo las pocas lágrimas suicidas que arrojan estos ojos cansados de recordarte.

Frente éste lugar, frente al montón de tierra que te representa, frente a ti. Amor que te has marchado y me has dejado a la sombra. Ante el abismo de mis pies descalzos…

                                                                         Ainara Blancas Garrido


                                                                               

9 de noviembre de 2011

Un pedazo tan borroso, que ni se ve.


No sé nada de ti, y tu de mi tampoco. A veces te busco en caras ajenas, esperando reconocerte en alguna de ellas. Otras veces imagino todo eso que no piensas y que eres incapaz de decir. 


Tú estás lejos de mi, físicamente, pero yo aun estoy mas lejos en todos los sentidos habidos y por haber. 
Tu orgullo te ciega y mis principios me nublan.
Vas por la vida tambaleándote de lado a lado dándote con los muros que hay y que no hay. Culpas a todo el mundo de tus desgracias y exiges algo que tu nunca has sido. Eres terco y eso te ha llevado a donde estás. Tu solito te ganas a tus propios enemigos.

No sé nada de ti, ni donde estás, ni como estás... y en ocasiones me miento a mi misma diciendo que no me importa lo mas mínimo. Tu decidiste largarte y no echar la vista atrás. Eso me debería bastar para no malgastar un segundo de mi vida preguntándome como te encuentras. Si es que sigues vivo. 


No sé nada de ti, y tu de mí aun menos. Intento que ese segundo termino se quede en un nada absoluto, de esos que resuenan en cualquier habitación hueca. 


Yo he cambiado, soy una persona mejor. He conseguido muchas cosas y no precisamente gracias a ti. Tu te largaste y me dejaste en una situación mas que lamentable. Huiste y no tuviste el valor suficiente para avisarme de todo lo que me esperaba. Me lo fui encontrando. Todo lo que había conseguido en un año, lo destruiste en una semana. No recibí ninguna disculpa, ni una sola explicación. Tan sólo un numero de teléfono que no para de repetir; el numero al que llama no existe. 




No voy a negar que me rompiste el alma, me destrozaste y a día de hoy sigo recogiendo algún pedazo. Pero soy fuerte, sigo adelante y tu no vas a ser quien me tumbe para siempre. 

Fuiste mi todo. Ahora solo formas parte de alguna foto y varios recuerdos. Nada más. 



Ainara.

6 de noviembre de 2011

La opción C de cobarde.

No sé como empezar a sincerarme de alguna manera, si es que es posible hacerlo. Quizás por qué estoy segura de que es el último lugar donde vayas a topar. Y que de alguna forma estoy liberándome de todo eso que a veces me atormenta y me hace huir. Supongo que el tema central es ese... huir cuando soy incapaz de afrontar algo. 

Empezaré por el principio... era todo más fácil cuando yo sólo era aquella adolescente soñadora que escribía en su carpeta miles de A al cuadrado, esperando que algún día tu te fijaras y ataras cabos. Cuando tú eras ese chico tímido que no decía más de tres palabras seguidas. Cuando yo buscaba cualquier oportunidad para formar parte de tu mundo. Y así fue, como con el paso de los años hemos conseguido una amistad tan especial que pocos entenderían, y muchos siguen sin entender.

Han pasado muchos años, y muchas cosas. Y siempre por A y por B vuelvo a lugares que ya conozco. Si, es cierto, todas esas veces he desaparecido sin decir nada, sin dar ninguna explicación. Porque como ahora mismo, tengo miedo, miedo de no ser suficiente, de fracasar, de no estar a la altura. Miedo a mis propias expectativas que siempre coloco en la cima. Miedo a actuar sin cabeza, a cometer una locura, a no estar segura. Miedo a perder esa amistad que tanto nos ha costado conseguir. Porque después de sobrepasar esa línea sólo nos quedarían dos resultados; la victoria absoluta o una derrota devastadora. 

Y todas esas veces que he puesto las cartas sobre la mesa, me da demasiado pánico perder todo lo que ya tenemos por un arrebato de los míos. Y ahora con el paso del tiempo, me he dado cuenta que sin quererlo, lo estamos perdiendo, no todo, pero casi. 
Somos dos personas completamente distintas a lo que eramos antes, pero eso no quiere decir que mis sentimientos hayan cambiado. Siempre he querido lo mejor para ti, siempre he querido verte feliz, aunque fuera a miles de kilómetros de distancia, me daba igual si sabía que tu estabas bien. Me ha dolido verte de la mano de otra, no por el hecho de que esa mano no fuera la mía, sino por miedo a que te rompieran el corazón. Porque me importas, y porque no quiero que jamás nadie te haga daño. Y aunque me duela en el alma, ver que no soy esa persona con la que lo quieras compartir todo, estaré contenta si tu lo estás. 

He llegado otra vez a ese lugar, en el que busco cualquier excusa para tenerte cerca, para escucharte cuando hablas, y para fijarme en cada gesto que haces. Estoy ahí, en ese lugar en el que cuando me dedicas una mirada por pequeña que sea, remueves mi mundo interior. Y es precisamente por estar de nuevo en ese lugar, que creo que ha llegado el momento de irse otra vez, de echar a correr, pero es que nunca estamos en el mismo plano, y yo ya me he cansado de fingir que no me importa.

Si, vuelvo a ser una cobarde, lo sé.

Ainara.




3 de noviembre de 2011

Mejor tarde que nunca.

Dicen que el tiempo lo cura todo, que con el tiempo las cosas se olvidan, que el transcurso de los años nos hace personas mas fuertes. Que los errores nos hacen mas sabios. Dicen que lo bueno siempre se hace esperar, y que la paciencia es una virtud. Y mientras todo el mundo dice que dicen pero no hacen, ni el tiempo pasa, ni las cosas se olvidan, no nos hacemos mas fuertes, nos volvemos tercos, y la espera no tiene cabida en la impaciencia. 

Los recuerdos son pequeños fotogramas incrustados en nuestra retina almacenados en ese cajón de sastre que tan poco se suele usar. Los recuerdos se esfuman o se inyectan bajo nuestra piel, tan profundo que no hay reloj capaz de hacerlos desaparecer. Hay recuerdos entrañables, recuerdos tristes, recuerdos que preferimos no volver a revivir. Y recuerdos que por mucho que queramos recordar, ya no tienen el mismo sentido, tras años recorridos en la oscuridad.

A veces no son los recuerdos, sino las personas que traen con sigo esos momentos vividos. Y es en ese momento cuando se convierte en absurdo tratar de borrar a alguien, que sigue vivo, que sigue ahí en cualquier parte del mundo, viviendo una vida muy diferente a la vivida entonces.

Quizás sea cosa del otoño, ese húmedo y oscuro temporal que trae bajo el brazo tantos sentimientos retenidos. Cuando pasear bajo la lluvia con una capucha me hacia sentir viva de verdad. Cuando el frío se colaba entre mis huesos y me hacia temblar. El olor del atardecer en aquel banco del parque, el calor humano de la compañía que tanto me hacia soñar. Nuestros miércoles. Porque tras haber pasado ya 9 años desde entonces, no me he vuelto a recuperar. Tantos momentos, tantas horas, tantos sentimientos. Demasiado significado, y es, cuando llega esta época del año, me acuerdo de lo feliz que me hacia sentir, y busco en cada esquina esa felicidad, esa que por mucho que busque sé que ya no está. 

Y es por eso, que cuanto mas te detesto, mas reapareces en mi vida, y cuanto mas trato de olvidarte, mas cosas me recuerdan a ti. Y cuando por fin creo haberlo superado, llega el 29 de Octubre. Odio que a pesar de todo ese tiempo, que tanto hace olvidar, yo no consiga hacerlo. Y que a pesar de como me has tratado, yo siga aquí con tan sólo unos recuerdos, que aunque signifiquen mucho, no sirven para nada. 

Y no, esta vez no, esta vez no voy a decir, borrón y cuenta nueva. Esta vez no voy a echar la vista hacia otro lado. Esta vez voy a aceptarlo. 

Te has ido, y jamás vas a volver.

Ainara.


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